miércoles, 28 de octubre de 2009

Decisiones

Cuando te haces mayor, la vida deja de ser un juego. No vale solo con ser feliz, ni siquiera con vivir el momento. A veces tienes que preguntarte más cosas. No vale con saber por qué haces esto y no lo otro. No vale con sonreir, ni siquiera vale con querer. A veces, casi siempre, hay que detenerse un momento y pensar en el mañana. En a dónde van las semillas que estás sembrando. Siento que estoy viviendo en una nube y que me toca bajar a la realidad. Una realidad mucho más compleja que los juegos. Siento que debo plantearme muchas cosas, y necesito tiempo. ¡Que se pare el mundo! Pero... de repente pienso en él, en lo que hago, en ellos. Pienso demasiado. Y me doy cuenta de que el tiempo ha hecho que haya cosas que necesito también aquí. De repente mi vida esta fragmentada. No puedo ignorar al corazón, no puedo hacer lo que siento que es correcto, ni siquiera sé si es correcto. Y entonces me encantaría poder meter todas las cosas que me hacen feliz en un saquito y llevarmelo a un lugar muy muy lejano. A una isla desierta. Abrir ese saquito y sacarlas poco a poco. Las zapatillas de bailar. La música. Él. Ellos. Mis niñas. Gente nueva... pero es imposible. Entonces vuelvo a mi maraña de ideas. Vuelvo a agruparlas. Las intento controlar. Pero no puedo. Decido dejar de pensar. Mañana será otro día. Tiempo. Tiempo. Tiempo.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Frenar un sentimiento

Y de repente aparece el miedo, la necesidad de parar un sentimiento que ultimamente no para de crecer, y lo hace a pasos agigantados. Me gustaría poder tener seguridad. Seguridad de que todo irá bien, de que no oleré el caramelo para luego no poder terminarlo. Pero no tengo esa seguridad, todo lo contrario, tengo dudas, muchas dudas, y miedo, mucho miedo de sentir más de lo que pueden llegar a sentir por mí. A lo largo de mi vida y sobre todo en los ultimos años, he visto cosas que hacen que tenga miedo al amor. Miedo a querer demasiado y a no querer lo suficiente. Y por eso, cual drogadicto que empieza a descubrir los placeres de la cocaína, me apetece no volver a probarla nunca más, pero al mismo tiempo no puedo frenar esas ganas, esa ansia. Necesito esa droga. Y también necesito dejar de depender de ella. Necesito una conversación pero al mismo tiempo las palabras me asustan, me hacen darme cuenta de lo que está empezando a significar. Tal vez me toque ya asumir esa parte de ser mayor. Salir del parbulario. Porque en el parbulario, los niños se hacen novios en un minuto, y no importa que haya trios o cuartetos, y cuando se cansan de jugar a ser mayores, deciden que ya no son novios. Pero con dieciocho años, ya no somos niños. Y ya no tenemos esa facilidad para cambiar. Por eso creo que debo de darle menos vueltas al mañana, pensar en el hoy, y lo intento, y no lo consigo, y lo seguiré intentando, hasta que pueda. Hasta que pueda abrazarle y no pensar en si ese será el ultimo abrazo. Y le seguiré queriendo a mi manera, sin pensar en que grado es, sin pensar tampoco en si el me quiere menos o más. A mi manera, como yo sé.

lunes, 19 de octubre de 2009

Dificultades...

Lo más duro de estar fuera de casa, es que por muy bien que vayan las cosas, cuando entras por la puerta nadie te espera con una sonrisa en los labios, ni te da los buenos días, ni te pregunta que tal ha ido la tarde o la noche. Eso es lo que más echo de menos. Cosas que parecen insignificantes. Cosas que nunca antes había sabido valorar y que quizás, algunas veces, había aborrecido. Como por ejemplo, aquel día que entre con una mochila más grande que yo a la espalda, muerta de ganas por apoyarla en el suelo, y antes de ello tuve que recibir un abrazo. Ahora me encantaría poder disfrutar de ese abrazo. De ese, y de otro más grande, que dure más tiempo. Aunque lleve encima no una, sino tres mochilas.
Por eso esperaba con la carita empapada que llegaras con rosas, con mil rosas para mi. Porque ya sabes que me encantan esas cosas que no importa si es muy tonto soy así...

miércoles, 14 de octubre de 2009

Lios, lios, lios.

Todos tenemos días de soledad. Esos días en que nos sentimos solos aunque estemos rodeados de gente. Esos días en los que nos paramos un segundo a pensar en el momento que estamos viviendo. Hoy es uno de esos días. Hoy yo me paro a pesar si de verdad vale la pena hacer lo que a uno le gusta, cuando quizás en un futuro eso que estás haciendo no sirva para nada. Además, necesito un abrazo complice, un abrazo de madre, o una mirada de amiga-hermana. Una conversación. Tener esas cositas que estoy perdiendo poco a poco. Porque como dice la canción "Te cambia la vida, sin que tengas nada para seguirla. Te cambia y no piensas.. en lo que te olvidas." Y de repente me entran ganas de meter toda mi ropa en la maleta, arrugada, sin preocuparme de nada más. De llamar a un taxy sin pensar en que costará más dinero del que tengo. De aparecer por la puerta de casa, de meterme en la cama, de despertarme y poder creer que estos ultimos días no han sido más que un sueño. Algo así como en la obra de Calderón. De levantarme mañana, caminar hasta la parada del bus, y despúes hasta la facultad de psicología. Sumergirme entre apuntes, esforzarme, odiar un poco lo que estoy leyendo pero pensar que en un futuro podré ayudar a la gente. Podré tener un trabajo. Y sobre todo, pensar que antes de ir a dormir tendré mi besito de buenas noches. Que me podré quejar cuando mi madre me obligue a acabarme toda la comida del plato. Pero...¿es eso lo que quiero? Me pregunto que precio tienen los sueños, y si siempre vale la pena pagar ese precio. Me pregunto cuánto le echaría a él de menos. Y sobre todo, me pregunto si algún día sería capaz de ser feliz así, siendo un poco cobarde. Ahora bien, ¿y siendo valiente?

lunes, 5 de octubre de 2009

Sensaciones


Algunas veces me gusta caminar por la calle. Caminar y pensar, pensar en que está pensando ese hombre de ahí que lee el periódico, esa mujer que corre detrás de su perro. En que están pensando los enamorados que saborean un helado a medias en uno de los infinitos bancos del parque. Pensar en que piensa el barquero cada vez que una familia se monta en una de sus lanchas. Y en que piensa cuando regresan, y cuales son los pensamientos de cada uno de los miembros de esa familia. Es entonces cuando me doy cuenta del momento que estoy viviendo. De que ese momento no es temporal, de que es para siempre. Y me transporto a ese aula a las diez de la mañana, a ese momento en que me transformo en mariposa y bailo ocupando todo el espacio, para despúes, ¡zas! Convertirme en Julieta, y pensar en mi Romeo, y recordar, y sentirlo cerca y sonreir como hubiese sonreído Julieta, y no entender nada, o no entenderlo del todo, pero seguir pensando, seguir viviendo. Disfrutar de cada rincón de la ciudad, de cada fragancia, de cada minuto. Saber que estoy haciendo lo que me gusta, que estoy cambiando, que estoy creciendo.

viernes, 2 de octubre de 2009

Algunas cosas nunca cambian...

Me gusta la sensación de estar con gente que es más como yo. Que no se sorprenda de que me guste escribir historias por las tardes. Que pueda ponerme a dar vueltas sin parar, subirme a los columpios y no quede como una niña loca sin remedio. Gente con la que compartiré muchas cosas. Me gustan todos los planes que tenemos por delante y tengo ganas de que pase el tiempo. Me gusta ser cada día un poquito más fuerte, aprender cada día un poquito más. Hacerme más independiente. Sin embargo, saber que siempre tendré este huequito. Que la sonrisa se me ensanchará al entrar por la puerta de casa. Que... aunque intente disimularlo, siempre me moriré de ganas de dar un abrazo a mis padres. De tumbarme en mi cama, abrazar a mi cojin de dormir, mirar las estrellitas brillantes del cielo, respirar y pensar que mañana será un nuevo día en avilés.