miércoles, 28 de octubre de 2009

Decisiones

Cuando te haces mayor, la vida deja de ser un juego. No vale solo con ser feliz, ni siquiera con vivir el momento. A veces tienes que preguntarte más cosas. No vale con saber por qué haces esto y no lo otro. No vale con sonreir, ni siquiera vale con querer. A veces, casi siempre, hay que detenerse un momento y pensar en el mañana. En a dónde van las semillas que estás sembrando. Siento que estoy viviendo en una nube y que me toca bajar a la realidad. Una realidad mucho más compleja que los juegos. Siento que debo plantearme muchas cosas, y necesito tiempo. ¡Que se pare el mundo! Pero... de repente pienso en él, en lo que hago, en ellos. Pienso demasiado. Y me doy cuenta de que el tiempo ha hecho que haya cosas que necesito también aquí. De repente mi vida esta fragmentada. No puedo ignorar al corazón, no puedo hacer lo que siento que es correcto, ni siquiera sé si es correcto. Y entonces me encantaría poder meter todas las cosas que me hacen feliz en un saquito y llevarmelo a un lugar muy muy lejano. A una isla desierta. Abrir ese saquito y sacarlas poco a poco. Las zapatillas de bailar. La música. Él. Ellos. Mis niñas. Gente nueva... pero es imposible. Entonces vuelvo a mi maraña de ideas. Vuelvo a agruparlas. Las intento controlar. Pero no puedo. Decido dejar de pensar. Mañana será otro día. Tiempo. Tiempo. Tiempo.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Frenar un sentimiento

Y de repente aparece el miedo, la necesidad de parar un sentimiento que ultimamente no para de crecer, y lo hace a pasos agigantados. Me gustaría poder tener seguridad. Seguridad de que todo irá bien, de que no oleré el caramelo para luego no poder terminarlo. Pero no tengo esa seguridad, todo lo contrario, tengo dudas, muchas dudas, y miedo, mucho miedo de sentir más de lo que pueden llegar a sentir por mí. A lo largo de mi vida y sobre todo en los ultimos años, he visto cosas que hacen que tenga miedo al amor. Miedo a querer demasiado y a no querer lo suficiente. Y por eso, cual drogadicto que empieza a descubrir los placeres de la cocaína, me apetece no volver a probarla nunca más, pero al mismo tiempo no puedo frenar esas ganas, esa ansia. Necesito esa droga. Y también necesito dejar de depender de ella. Necesito una conversación pero al mismo tiempo las palabras me asustan, me hacen darme cuenta de lo que está empezando a significar. Tal vez me toque ya asumir esa parte de ser mayor. Salir del parbulario. Porque en el parbulario, los niños se hacen novios en un minuto, y no importa que haya trios o cuartetos, y cuando se cansan de jugar a ser mayores, deciden que ya no son novios. Pero con dieciocho años, ya no somos niños. Y ya no tenemos esa facilidad para cambiar. Por eso creo que debo de darle menos vueltas al mañana, pensar en el hoy, y lo intento, y no lo consigo, y lo seguiré intentando, hasta que pueda. Hasta que pueda abrazarle y no pensar en si ese será el ultimo abrazo. Y le seguiré queriendo a mi manera, sin pensar en que grado es, sin pensar tampoco en si el me quiere menos o más. A mi manera, como yo sé.

lunes, 19 de octubre de 2009

Dificultades...

Lo más duro de estar fuera de casa, es que por muy bien que vayan las cosas, cuando entras por la puerta nadie te espera con una sonrisa en los labios, ni te da los buenos días, ni te pregunta que tal ha ido la tarde o la noche. Eso es lo que más echo de menos. Cosas que parecen insignificantes. Cosas que nunca antes había sabido valorar y que quizás, algunas veces, había aborrecido. Como por ejemplo, aquel día que entre con una mochila más grande que yo a la espalda, muerta de ganas por apoyarla en el suelo, y antes de ello tuve que recibir un abrazo. Ahora me encantaría poder disfrutar de ese abrazo. De ese, y de otro más grande, que dure más tiempo. Aunque lleve encima no una, sino tres mochilas.
Por eso esperaba con la carita empapada que llegaras con rosas, con mil rosas para mi. Porque ya sabes que me encantan esas cosas que no importa si es muy tonto soy así...

miércoles, 14 de octubre de 2009

Lios, lios, lios.

Todos tenemos días de soledad. Esos días en que nos sentimos solos aunque estemos rodeados de gente. Esos días en los que nos paramos un segundo a pensar en el momento que estamos viviendo. Hoy es uno de esos días. Hoy yo me paro a pesar si de verdad vale la pena hacer lo que a uno le gusta, cuando quizás en un futuro eso que estás haciendo no sirva para nada. Además, necesito un abrazo complice, un abrazo de madre, o una mirada de amiga-hermana. Una conversación. Tener esas cositas que estoy perdiendo poco a poco. Porque como dice la canción "Te cambia la vida, sin que tengas nada para seguirla. Te cambia y no piensas.. en lo que te olvidas." Y de repente me entran ganas de meter toda mi ropa en la maleta, arrugada, sin preocuparme de nada más. De llamar a un taxy sin pensar en que costará más dinero del que tengo. De aparecer por la puerta de casa, de meterme en la cama, de despertarme y poder creer que estos ultimos días no han sido más que un sueño. Algo así como en la obra de Calderón. De levantarme mañana, caminar hasta la parada del bus, y despúes hasta la facultad de psicología. Sumergirme entre apuntes, esforzarme, odiar un poco lo que estoy leyendo pero pensar que en un futuro podré ayudar a la gente. Podré tener un trabajo. Y sobre todo, pensar que antes de ir a dormir tendré mi besito de buenas noches. Que me podré quejar cuando mi madre me obligue a acabarme toda la comida del plato. Pero...¿es eso lo que quiero? Me pregunto que precio tienen los sueños, y si siempre vale la pena pagar ese precio. Me pregunto cuánto le echaría a él de menos. Y sobre todo, me pregunto si algún día sería capaz de ser feliz así, siendo un poco cobarde. Ahora bien, ¿y siendo valiente?

lunes, 5 de octubre de 2009

Sensaciones


Algunas veces me gusta caminar por la calle. Caminar y pensar, pensar en que está pensando ese hombre de ahí que lee el periódico, esa mujer que corre detrás de su perro. En que están pensando los enamorados que saborean un helado a medias en uno de los infinitos bancos del parque. Pensar en que piensa el barquero cada vez que una familia se monta en una de sus lanchas. Y en que piensa cuando regresan, y cuales son los pensamientos de cada uno de los miembros de esa familia. Es entonces cuando me doy cuenta del momento que estoy viviendo. De que ese momento no es temporal, de que es para siempre. Y me transporto a ese aula a las diez de la mañana, a ese momento en que me transformo en mariposa y bailo ocupando todo el espacio, para despúes, ¡zas! Convertirme en Julieta, y pensar en mi Romeo, y recordar, y sentirlo cerca y sonreir como hubiese sonreído Julieta, y no entender nada, o no entenderlo del todo, pero seguir pensando, seguir viviendo. Disfrutar de cada rincón de la ciudad, de cada fragancia, de cada minuto. Saber que estoy haciendo lo que me gusta, que estoy cambiando, que estoy creciendo.

viernes, 2 de octubre de 2009

Algunas cosas nunca cambian...

Me gusta la sensación de estar con gente que es más como yo. Que no se sorprenda de que me guste escribir historias por las tardes. Que pueda ponerme a dar vueltas sin parar, subirme a los columpios y no quede como una niña loca sin remedio. Gente con la que compartiré muchas cosas. Me gustan todos los planes que tenemos por delante y tengo ganas de que pase el tiempo. Me gusta ser cada día un poquito más fuerte, aprender cada día un poquito más. Hacerme más independiente. Sin embargo, saber que siempre tendré este huequito. Que la sonrisa se me ensanchará al entrar por la puerta de casa. Que... aunque intente disimularlo, siempre me moriré de ganas de dar un abrazo a mis padres. De tumbarme en mi cama, abrazar a mi cojin de dormir, mirar las estrellitas brillantes del cielo, respirar y pensar que mañana será un nuevo día en avilés.

domingo, 27 de septiembre de 2009

¿Y a mi, quien me da un abrazo?

De repente la fortaleza se desmorona. Echo de menos. Echo de menos y es inevitable. Y creo que va a salir un arcoiris, un arcoiris causado por la felicidad y la tristeza fundidas en uno. Un arcoiris de sentimientos. Necesito un abrazo que nadie me puede dar, el calor de las personas que están lejos. Necesito aceptar que el ayer solo es un recuerdo. Necesito crecer, y hacerme fuerte de verdad, y no necesitar de nadie, y despegar, y volar, pero no puedo. No puedo porque soy pequeña, insegura, frágil, débil. No puedo porque en el fondo dependo de muchas cosas.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Nuevas experiencias

Echo de menos. Echo de menos el entenderme con una mirada. Echo de menos el no tener que dar explicaciones de porque hago tal o cual cosa. Echo de menos el estar con gente que sin palabras es capaz de hacerme sentir especial. Las echo de menos y no puedo evitarlo. No estoy triste, pero quizás tampoco estoy feliz. Necesito un abrazo de esos que se dan solo mirando. Necesito un beso, una sonrisa sincera, de esos que me gustan porque me los están dando a mí. Y siento que si yo soy un mapa del mundo, a penas conocen una ciudad. Me siento bien, siento que estoy rodeada de gente con virtudes y defectos, como todos, pero con una gran simpatía, pero al mismo tiempo siento que no soy yo, o que no soy yo al 100%. Siento que cuando saludan, saludan a una desconocida y no puedo hacer nada por evitarlo. Más mía, menos de los demás. Y siento la necesidad de que pase el tiempo para ver a todas esas personas, a las que siempre han sido esenciales y a las que ahora lo son. Pero junto a todos estos sentimientos, también me siento bien cada vez que entro en clase, cada vez que me meto en la piel de alguien que no soy yo. Cada vez que conozco a gente que comparte un poco mi manera de ver la vida y mis sueños. Confieso algo. Me daría miedo tener que interpretar a Cris. Quizás porque me asustaría conocer cosas de mi misma que desconozco. En cambio, me encanta observar. Me encanta observar cada movimiento. Tratar de comprender cada paso ajeno y crear una historia, una historia que quizás no sea real, pero... historia al fin y al cabo.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Nervios. Estrés. Nervios.


Estoy nerviosa. Nerviosa de verdad. Y es que las cosas que no te asustaban, de repente se acercan, se plantan ante tus ojos y lo que parecía un perro inocente se convierte en un lobo con cara de hambriento. Miedo a lo desconocido y a la vez ganas de conocer, de experimentar esa sensación al levantarte de no saber lo que va a ocurrir, de salirte de la rutina, de que no sepan lo que vas a hacer antes de que lo hagas, de que no te entiendan sin hablar. De que no te juzguen de antemano, porque no saben nada de ti. Empezar de cero. Empezar a escribir otro capítulo del libro. Un capítulo que no tiene nada que ver con el anterior. Y dejar atras muchas cosas que siempre estuvieron ahí sin que tú les dieras importancia. De repente parece que la misma ciudad de siempre, se tiñe un poco más de colores. Sale el sol, brillan las hojas de los arboles, brilla el mar. Ese mar que ya no podrás mirar con tanta frecuencia. Y en cada centimetro hay un recuerdo. Los columpios, las flores, las terrazas, las calles, absolutamente todo, hasta ese cubo de basura que veo cada mañana enfrente de la puerta de casa. Y te apetecería tener los brazos tan grandes que pudieras abrazarlo todo a la vez y decir "te echaré de menos" pero en realidad no te gustan los abrazos, ni las despedidas. Uno no necesita despedirse cuando no se irá del todo, ¿o sí? En realidad, solo necesito una ultima mirada, una ultima sonrisa, una sonrisa que se quede grabada, que se venga conmigo, que deje claro que algunas cosas no se pierden nunca. Una sonrisa que sea capaz de recoger cuando solo tenga ganas de llorar.

martes, 15 de septiembre de 2009

¿Y si no hay tiempo?

Si fuera más guapa y un poco más lista, si fuera especial, si fuera de revista, tendría el valor de cruzar el vagón y preguntarte quién eres. Te sientas en frente y no te imaginas que llevo por tí mi falda más bonita, y al verte lanzar un bostezo al cristal se inundan mis pupilas. De pronto me miras, te miro y suspiras, yo cierro los ojos, tú apartas la vista, a penas respiro me hago pequeñita y me pongo a temblar. Así pasan los días de lunes a viernes, como las golondrinas del poema de becker, estación a estación, en frente tú y yo, va y viene el silencio (...) A penas respiro, me hago pequeñita y me pongo a temblar. Y entonces ocurre, despiertan mis labios, pronuncian tu nombre tartamudeando, supongo que piensas "¡Que chica más tonta! " y me quiero morir. Pero el tiempo se para, te acercas diciendo "Yo aún no te conozco y ya te echaba de menos", cada mañana rechazo el directo y elijo este tren. Y ya estamos llegando, mi vida ha cambiado, un día especial este 11 de marzo, me tomas la mano, llegamos a un tunel que apaga la luz. Te encuentro la cara gracias a mis manos, me vuelvo valiente y te beso en los labios, dices que me quieres y yo te regalo el ultimo soplo de mi corazón.


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A veces tengo miedo de que me pase como a la chica del tren. De que cuando me decida a saltar al vacío ya no pueda volar. De que se me acabe el tiempo para todo o para nada. Tengo la sensación de que no aprobecho al máximo. De que no hago siempre lo que quiero, o lo que siento, porque estoy demasiado preocupada pensando en qué es lo que debo hacer, en qué pasará si hago tal o cual cosa, en que quizás meta la pata. Cada vez tengo más miedo a decir "te quiero", más miedo a decirlo y dejar de querer, más miedo a sufrir, pero sobre todo más miedo a decepcionar, a hacer daño.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Echarles de menos


Siempre soñé con el momento que estoy viviendo, con el momento de dejar mi pequeña ciudad e irme a la capital, con el momento de salir del cascarón, de empezar a valerme más por mí misma, de comenzar una nueva vida desde cero, dedicandome a lo que de verdad me quiero dedicar, consiguiendo objetivos, alcanzando metas. Y sin embargo, ahora que llega ese momento me encantaría poder detener el tiempo, que no existiese ese ultimo minuto, que los días no terminasen, no dormir, aprobechar cada segundo... hartarme de todo el mundo para no echar de menos. Y tengo tanto miedo, tanto miedo del futuro desconocido que me espera, que me entran ganas de volver a meterme en la burbuja, de elegir el camino fácil. Pensé que jamás dependería de nadie, que el cariño no sería nunca suficiente como para que pudiese afectar a mis emociones y... simplemente, me doy cuenta de que echaré tanto de menos a tantas personas. No solo a ellos, a mis padres, que comparten casi todo conmigo, sino a ellas, a mis nenys, que me sacan de quicio y al mismo tiempo me hacen tan feliz, que me enervan pero que me conocen tan bien que basta una mirada para que comprendan qué es lo que necesito. No quiero que pasen los días y al mismo tiempo me encantaría poder acelerar el relog y que ya sea Noviembre.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Espiral


Los días pasan y cada vez me siento más dentro de una espiral, de una espiral de la que intento huir, sin conseguirlo. De una espiral que me atrapa, que me da vueltas, que no me deja salir. Y me da miedo esa espiral. Me da miedo llegar al centro de nuevo. Cada vez, es mayor el miedo. Cada vez se hacen más vivos los recuerdos de aquellos años atrás, y todo porque no me dejan olvidar. Cada vez me siento más culpable cuando le oigo decir que sobra o que está solo. ¿Y yo? ¿No soy capaz de darle compañía? Y la veo a ella. Y veo como sufre, y como calla. Y la admiro. La admiro por lo fácil que me salen a mi las lágrimas. Por lo que me cuesta disimular mis sentimientos, y lo bien que lo hace ella. Y a veces, solo a veces, también siento que se acabo. Que por una vez cumplirán su promesa de no volver a discutir por el tema. De no volver a hablar de ello. Pero... me siento ilusa, siento que me estoy engañando a mi misma. Siento que nunca habrá una ultima vez, porque es una espiral, porque volverá a haber otra ocasión, volverá a salir el tema, volveremos a no saber evitarlo. Porque ni tan siquiera yo soy capaz de entender, de aceptar porque las cosas son como son. Y porque me sigo sintiendo culpable, por mucho que ellos repitan constantemente que no fue mi culpa. Me sigo arrepintiendo de haber dejado salir a mis palabras cuando yo era capaz de controlarlas...

Historias. Summer love.

Fugacidad. Esa era la palabra que mejor definía nuestra historia, o nuestro amor. No tengo muy claro lo que es el amor. Pero lo que sí que tengo claro, es que su olor, su aroma, no se va de mi cabeza ni un minuto desde la ultima vez que nos vimos. Al igual que su sonrisa. Su sonrisa, que está grabada en mi y que nunca olvidaré. Esa ultima vez que me sonrió, y la primera, y cada una de sus sonrisas, todas tan mágicas, todas tan suyas, todas tan nuestras. Hace días que se ha ido, y sin embargo, sigue estando conmigo. No le olvido, no dejo de pensar en él, en sus besos, en los primeros días que me miraba, pero no quería darme cuenta de que me estaba mirando a mí, de como agachaba la cabeza nerviosa, avergonzada, de como me iba sin mirarle a los ojos. Cuantas oportunidades desaprobeche, y cómo me arrepiento ahora, ahora que daría lo que fuera por poder besarle otra vez, tirarle al suelo, tumbarme a su lado y estar así, uno al lado del otro durante toda la noche. Soñando despiertos, o dormidos, pero juntos. Pero esto es lo peor del verano. Del verano y de la vida. Que se acaba. Por eso he aprendido que cada vez que pasa el tren, hay que subirse. Porque quizás no vuelva a pasar. O cuando pase, quizás los asientos ya no sean de clase preferente y pasen a ser de clase turista. Y ahora yo le echo de menos. Y no puedo pensar en otra cosa. Esa primera mañana. Una mañana más. Mirando el sol, desde la arena. Y de repente, otro sol brilló con más fuerza. Él. Y se acercó. Y yo me alejé. Como hago siempre. Huyendo de mis miedos y de mis inseguridades huí de él. Ahora me doy cuenta de que fue una tontería. Pero no me importa. No me importa porque aunque fueran pocos, cada minuto con él viví más intensamente de lo que había vivido nunca. Una vez leí una historia que decía que las vidas de las personas no deberían medirse por años respirando, sino por segundos sonriendo. A su lado, crecí de repente, me hice adulta. Puede resultar ridiculo, absurdo, patético, vergonzoso, pero no me importa. No me importa lo que parezca. Ahora sé que le quiero. Pero también sé que a lo largo de nuestra vida no queremos solo a una persona. Y no le voy a echar de menos. Me he propuesto no echarle de menos. También me propuse no quererle y... mira, le quiero. Pero da igual. Mejor no me propongo nada. Mejor se lo dejo al destino. Que sea el mismo destino que hizo que nuestras miradas se cruzaran por primera vez, el que haga que nos volvamos a encontrar, o quizás que nos olvidemos. Puede que lo bonito de los amores de verano sea precisamente su principal característica, esa fugacidad. Y yo ahora solo quiero seguir pensando en él pero seguir viviendo al mismo tiempo, y no olvidarle, pero dejar de recordar.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Fin de semana


El tiempo corre. Pasa deprisa. Sonries, pero no eres consciente de como se van agotando los minutos. Y solo queda por caer un granito de arena, el ultimo. Y si pasase en ese momento una estrella fugaz, lo primero que se te pasaría por la cabeza sería un "que no se termine este momento". Supongo que esa es la mejor descripción que puedo dar del fin de semana. Porque no era tan importante el lugar, el qué, o el cómo. Lo importante era ese olor a felicidad, esa fragancia que no se fue en ningún momento y esa sensación de que no era necesario pensar en nada más.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Confusión

A veces, durante algunos momentos, no le temes a nada. Caminas de frente, como tiene que ser, sin pensar demasiado las cosas. Pero de repente llegas a un cruce de caminos y entonces te das cuenta de que tienes que volver a elegir hacia qué lado girar. A veces en la vida también metes la pata. Y aquellos que de verdad te quieren te perdonan. Y sientes la necesidad de llorar, de llorar porque no te mereces todo ese cariño, ni toda esa compresión. Y entonces te empiezas a preguntar sobre cómo y de qué manera quieres tú. Y no terminas de encontrar respuestas, o quizás el miedo y la inseguridad hacen que no aparezcan esas respuestas, que permanezcan escondidas, asustadas. Y sientes eso, confusión. Y más confusión. Sentimientos que se juntan, sentimientos que se agolpan, sentimientos que se enredan y que no se dejan ver...

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Veronika decide morir

-Tengo una hija de tu edad. Cuando llegaste aquí, llena de sueros y tubos, me puse a pensar porqué una chica bonita, jóven, que tiene una vida por delante, había decidido quitarse la vida. Pronto comenzaron a correr historias: la carta que dejaste (y que nunca creí que fuera el verdadero motivo) y los días contados por causa de un problema incurable del corazón. No podía apartar de mi mente la imágen de mi hija: ¿Y si ella decidía hacer algo parecido? ¿Por qué ciertas personas intentan ir en contra del orden natural de la vida, que es luchar para sobrevivir de cualquier manera?
-Por eso estaba llorando-dijo Veronika. -Cuando tomé las pastillas yo quería matar a alguien que detestaba. No sabía que existían dentro de mí otras Veronikas a las que yo sabría amar.
-¿Qué es lo que hace que una persona se odie a sí misma?
-Quizás la cobardía. O el eterno miedo de equivocarse, de no hacer lo que otros esperan. Hace algunos minutos yo estaba alegre, había olvidado mi sentencia de muerte; cuando volví a entender la situación en la que me encuentro, me asusté.

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-Voy a morir. - prosiguió Veronika, con la esperanza de que sus palabras tuvieran sentido-. La muerte rozó hoy mi rostro con sus alas y llamará a mi puerta mañana, o pasado mañana. Es preferible que no te acostumbres a escuchar un piano todas las noches. Nadie puede acostumbrarse a nada, Eduard. Fíjate: Yo estaba volviendo a apreciar el sol, las montañas y hasta a aceptar los problemas; estaba aceptando incluso que la falta de sentido de la vida no era culpa de nadie más que de mí misma. Quería volver a ver la plaza de Ljubljana, sentir odio y amor, desesperación y tedio, todas esas cosas sencillas y banales que forman parte de lo cotidiano y dan sabot a la existencia. Si algún día pudiese salir de aquí, me permitiría ser loca, porque todo el mundo lo es. Y peores son aquellos que no saben que lo son, porque pasan su vida repitiendo constantemente lo que otros les mandan. Pero nada de eso es posible, ¿has entendido? Del mismo modo que tú no puedes pasar el día entero esperando que llegue la noche y que una de las internas toque el piano, porque eso se acabará muy pronto. Mi mundo y el tuyo han llegado al final.


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-¿Cuanto tiempo me queda?- repitió Veronika, mientras la enfermera le aplicaba la inyección.
-Veinticuatro horas. Quizás menos.
Ella bajó los ojos y se mordió los labios, pero mantuvo el control.
-Quiero pedirle dos favores. El primero que me de un remedio, una inyección, sea lo que sea, pero que me mantenga despierta hasta entonces para aprobechar cada minuto que me queda de vida. Tengo mucho sueño, pero no quiero dormir, tengo mucho que hacer, cosas que siempre dejé para el futuro, cuando pensaba que la vida era eterna. Cosas por las que perdí el interés cuando empecé a pensar que la vida no valía la pena.
-¿Y su segunda petición?
-Salir de aquí y morir fuera. Tengo que subir al castillo de Ljubljana, que siempre estuvo allí y yo nunca tuve la curiosidad de verlo de cerca. Tengo que hablar con la mujer que vende castañas en invierno y flores en primavera, cuántas veces nos hemos cruzado y sin embargo no la he preguntado nunca como se encontraba. Quiero andar por la nieve sin abrigo, sintiendo el frio intenso, yo, que siempre iba bien abrigada por el miedo a coger un resfriado. En fin, doctor Igor, tengo que sentir la lluvia en mi rostro, sonreír a los hombres que me interesan, aceptar todos los cafés a los que me inviten. Tengo que besar a mi madre, decirle que la quiero, llorar en su pecho, sin vergúenza de mostrar mis sentimientos, porque siempre los tuve, pero los escondía. Quizás entre en la iglesia, mire aquellas imágenes que nunca me dijeron nada y terminen diciendome algo. Si un hombre interesante me convida a ir a bailar, bailaré la noche entera hasta caer exhausta. Despúes me acostaré con él, pero no de la manera como me fuí con los otros, unas veces intentando mantener el control, otras fingiendo cosas que no sentía. Quiero entregarme a un hombre, a la vida, a la ciudad y finalmente a la muerte.

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A veces un libro cambia tu manera de ver la vida. Siempre pensamos que los suicidas son personas con un pasado trágico, personas a las que les han pasado muchas "cosas malas". Sin embargo, yo creo que una persona quiere morir solamente cuando cree que no puede hacer nada más, cuando pierde los objetivos, cuando no tiene un motivo por el que luchar, cuando deja de hacer lo que quiere, cuando tiene demasiado miedo como para permitirse tener sentimientos. A veces nos sentimos muertos por dentro, y basta con levantar la vista para darnos cuenta de todo lo que nos queda por hacer, de como el futuro nos espera a la vuelta de la esquina. Uno nunca valora lo que tiene hasta que lo pierde, frase celébre muy cierta. Por eso quiero proponerme actuar sin pensar en el qué dirán, ser un poco "loca", no planear cada segundo, dejar un poquito a la incoherencia, a la improvisación, al deseo. Vivir un poco más, entendiendo por vivir a reirse de uno mismo, de la vida, a ser Tú al 100%, y no al 75%, a no esconderte tras las facetas que te hacen fuerte, a ser frágil y estar orgulloso de ello, a decir "te quiero" sin importar la respuesta. Resumiendo, a obedecer a tu corazón, a escucharle para que no se sienta muerto, para que tenga ganas de seguir latiendo... porque cada latido es un nuevo color, una nueva sonrisa y un nuevo sentimiento.

martes, 1 de septiembre de 2009

Recordando...

Dicen que el pasado solo son recuerdos, pero a veces esos recuerdos te persiguen, y por más que intentes librarte de ellos, dejar que sean eso, recuerdos, están a la vuelta de cada una de las esquinas. No puedo soportar esos recuerdos, no puedo evitar que me hagan daño aunque ya debería de estar acostumbrada a ese tipo de dolor. Me encantaría poder cerrar los ojos y que cuando me despertase descubriese que solo había sido una pesadilla. Pero por desgracia no puede ser así. Quizás la mejor opción es cerrar los ojos, pensar en las cosas que te hacen feliz y pensar en que por mucho que puedan doler, los recuerdos solo son eso, recuerdos.

lunes, 31 de agosto de 2009

Thinking in love

Me estoy dando cuenta de que el hielo que cubría mi corazón se está derritiendo poco a poco, se vuelve líquido con cada palabra, me deja desprotegida, me vuelve frágil. Y, ¿qué puedo hacer contra eso? No puedo hacer nada. Por mucho que tenga miedo a sufrir, por mucho que tenga miedo a hacer daño. No siempre podemos decidir sobre nuestro destino. A veces elegimos un camino y de repente llega él, el amor. El amor que nos vuelve incoherentes, que nos convierte en personas capaces a hacer cualquier cosa, y todo por un sentimiento. El amor caprichoso, pero también el amor que nos hace felices, que hace que un dia triste se convierta en un día feliz solo porque somos capaces de amar y ser amados.

domingo, 30 de agosto de 2009

¿Amor? ¿Miedo?

Muchas veces me he preguntado qué era el amor. Siempre he llegado a la misma conclusión: el amor es un sentimiento que no se puede describir con palabras y que hace que te sientas feliz, como dice uno de mis libros favoritos, como si pudieras tocar el cielo con los dedos, al menos a tres metros sobre el cielo. El problema es que a veces, el amor viene acompañado de su amigo el miedo. Te enamoras poco a poco, sin fecha. Empiezan a aparecer las mariposas en el estómago y la necesidad de que esa persona permanezca a tu lado todo el tiempo, piensas en el futuro y él aparece en todas las imágenes y... ¿qué? Sientes miedo. Miedo de que las cosas no salgan bien, o de que si que salgan bien y puedan tener un final. Es imposible no pensar en el lado negativo del amor, el desamor. Porque amar y ser amado implica poder hacer daño a alguien, o que alguien te pueda dañar. Y... ¿merece la pena? A veces no estoy realmente segura de eso. Pienso en el amor y... se me llena la cabeza de imágenes difusas. Y me asusta, me asusta ser tan insegura, me asusta estar tan perdida... y sobre todo me asusta esa capa que me protege, esa capa que hace que nunca diga "te quiero", esa capa que hace incluso que no sea capaz de admitir lo que siento...

La primera versión

La primera versión de tus ojos mirando la perdí por temor a seguirte mirando, la primera versión de tu mano y mi mano se la dí a un escultor para hacerte un regalo y se la quedó. Y así soñé, mi primera vez, detrás de tí se fue. Tu mano y mi mano, tus ojos, mis labios, tu forma de mirar... ya nada será igual. Tu pelo, mi miedo y en medio tus besos tu forma de escuchar, ya nada será igual. La primera versión de tu voz susurrando me templó el corazón algo desconsolado, la primera versión de otros labios besando la escribí por amor para verte a mi lado...

¿Por qué "La primera versión"? Quizás porque no se me ocurre un nombre mejor y esa es una de las canciones más bonitas que conozco. Porque cada día es una "primera vez" para algo, y eso es lo que hace que la vida sea especial, cada primera versión, cada sensación nueva, lo que hace que no nos quedemos estancados, que sigamos sonriendo, que aprendamos, que cuando caemos nos volvamos a levantar... por eso, también en este blog, en cada entrada, habrá una primera versión, una pizca de un sentimiento... el sentimiento de vivir, de estar vivo, de estar construyendo algo...